crítica a la izquierda del capitalismo

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    crítica a la izquierda del capitalismo

    Mensaje por santi_9champions el Sáb Jun 11, 2016 4:07 am

    ya salió el número 7 de argelaga : https://argelaga.wordpress.com/2016/06/09/argelaga-7-verano-2016/

    EDITORIAL:
    ◦Ni de Vuestra Guerra, Ni de Vuestra Paz

    ARTÍCULOS:
    Una Crítica Libertaria de la Izquierda del Capitalismo, de Miguel Amorós, es una reflexión nacida al calor de una gira por el sur de Francia en torno a la emergencia de las nuevas clases medias y a sus consecuencias sociales y políticas. Producto de la racionalización de la economía, las clases medias son estratos asalariados que ocupan un lugar intermedio en la pirámide social y mantienen unos prejuicios ideológicos específicos, una manera de pensar propia, absolutamente desligada de la antigua conciencia de clase proletaria. Mientras el capitalismo garantizó su “bienestar”, dichas clases fueron la base más sólida del sistema de partidos, la partitocracia. Cuando el capitalismo tocó techo y se dispuso a sacrificarlas, las clases medias reaccionaron dando impulso a nuevos partidos, en los países que mejor habían resistido a la crisis, antieuropeístas y extremistas de derecha; en los demás, ciudadanistas e izquierdistas. Son estos últimos los que aquí se analizan como izquierda capitalista. En ningún caso es cuestión de anticapitalismo. Los libertarios han de desmarcarse de quienes aspiran a reforzar el régimen partitocrático en lugar de abolirlo, llevando la lucha social por caminos rupturistas, desde los cuales establecer las líneas fundamentales de una sociedad desestatizada y descapitalizada.

    La Normalización Turística del Tiempo Libre, de Rodolphe Cristin, es un breve artículo que plantea la relación inicial entre una reivindicación obrera (las vacaciones) y una modalidad de viaje únicamente practicada hasta entonces por la burguesía (el turismo). El capital no podía dejar el ocio de las clases medias y populares a la buena de dios, siendo como era una oportunidad de negocio. Con la disponibilidad de tiempo libre y dinero contante nació la industria turística, destinada a intervenir en la vida cotidiana de las masas y capitalizar tanto grandes espacios naturales como escenarios urbanos con historia.

    ◦Pomes Podrides? Els Negocis de la Corrupció i de la Indústria Immobiliària, de Eliseu Casamajor, publicado inicialmente en el dosier “Tot Inclòs” correspondiente al verano del año pasado, verdadero testimonio de la lucha en las Islas Baleares contra la destrucción territorial ocasionada por el turismo masificado. El trabajo trata de la relación entre los diversos intereses privados movilizados por el turismo con la corrupción administrativa, policial y política.

    ◦Cabanyal, Símbol del Canvi?, del Grup Aürt, es un capítulo del folleto “De la prolongació a la gentrificació”que trata de la culminación en Valencia de las dinámicas de renovación capitalista del espacio urbano. Si en una primera fase industrial las ciudades se redefinen morfológicamente en torno a la producción y al comercio exterior, en una segunda fase de predominio del sector terciario, las plusvalías generadas dependen más de la especulación inmobiliaria y del consumo de masas que de la actividad fabril y la exportación agraria. La gentrificación de las urbes posmodernas —sustitución de la población antigua por otra de mayor poder adquisitivo, la “gentry”— tiene tres momentos. En un primer momento, la población trabajadora que ocupaba los centros históricos y las barriadas típicas va siendo desplazada hacia la periferia, instalándose en los bloques construidos para la ocasión. En el segundo, los barrios abandonados son ocupados por población marginal y dejados a la buena de dios por las autoridades ciudadanas, provocando voluntariamente un deterioro que conduce a la demolición. La desvalorización máxima de los lugares constituye un paso obligatorio para la confección de una imagen de “marca”, fruto de la confluencia de las fuerzas vivas: financieros, constructores, especuladores inmobiliarios, políticos, artistas y animadores culturales. Tercer momento: con los barrios museificables bajo control, se desarrollan operaciones destinadas a capitalizar de nuevo el espacio ciudadano, que deja de ser un espacio vecinal, público y gratuito, para convertirse en un lugar impersonal y acondicionado, destinado a los turistas, a la clase media profesional, a los estudiantes, a los artistas patentados y a los consumidores.

    Empleos de Mierda, de David Graeber, un famoso antropólogo, activista social y anarquista americano. El artículo causó sensación en los medios libertarios del mundo, aunque en el estado español no es conocido, lo que nos ha decidido a publicarlo. Con sentido del humor nos explica porqué a pesar del desarrollo tecnológico habido las personas trabajan más si cabe que antes. Proliferan todo tipo de trabajos, especialmente los inútiles, y el tiempo malgastado en futilidades prolonga las jornadas laborales. Es como si el sistema capitalista no pudiese tolerar a una humanidad con demasiado tiempo libre. El trabajo es necesario no para subsistir, sino para poder consumir objetos inútiles y posibilitar unas ganancias sin las cuales la clase dominante no podría asegurar su poder. De eso se trata, de que la humanidad se parta el lomo trabajando innecesariamente para que todo siga como está.

    ◦La Contratendencia Ocultada, de Corsino Vela, es un pequeño fragmento del libro La Sociedad implosiva (Muturreko Burutazioak, 2015) cuya lectura recomendamos, que analiza la cuestión de género desde la óptica de la teoría del valor, una lectura particular de El Capital de Marx hecha entre otros por Moshe Postone, Anselm Jappe y el grupo alemán Krisis que se ha revelado algo fructífera, aunque lastrada por un objetivismo excesivo y una inclinación de sus epígonos a convertirla en una especie de fórmula buena para todo. El texto señala la explotación disimulada (y subsumida) del trabajo de la mujer en tanto que esposa, hija o compañera, en tanto que contratendencia del dogma marxista de la baja tendencial de la tasa de beneficio, tocando a su fin en la época actual, cuando la mujer es abiertamente explotada como asalariada.

    ◦Latinoamérica Hoy, de Argelaga. Es el resultado de un viaje a Uruguay y Argentina del equipo redactor de la revista, hecho con documentación previa, comprobaciones in situ y balance final. Se constata la victoria contra el neoliberalismo conseguida por partidos y frentes de izquierda que abandonaron la lucha social por las contiendas electorales. Sus triunfos les permitieron ocupar instituciones y crear empresas públicas desde donde aplicar y financiar políticas sociales al calor de una retórica de liberación un tanto fuera de lugar. Dicha política no obedecía a anticapitalismo alguno, antes bien se aprovechaba de una demanda mundial creciente de materias primas, dando un salto adelante en la globalización. La alianza con el capital transnacional consolidó a la nueva burocracia como sector específico de la clase dirigente, con intereses propios, clientelismos y corruptelas. Sin embargo, las bases de clase empezaron a flaquear por culpa de una crisis de la demanda que indujo a trasladar los gastos de mantenimiento del aparato institucional a las clases populares, perdiendo así la mayor parte de sus apoyos. Un paso adelante en la extracción y enajenación de recursos tuvo la virtud de levantar una oposición en nombre de valores comunitarios, verdaderamente ajenos a los del desarrollismo de las elites. La componen agricultores, en gran parte indígenas, que han conservado su identidad y su cultura, asociándola a la defensa del territorio, hoy por hoy el conflicto mayor desde el cual ha de formularse un anticapitalismo verdadero.

    ◦¿Pan para hoy? El Extractivismo Contra los Indígenas, de Antonio Pérez. Alegato en favor de los indígenas, hecho por un antropólogo con amplio trabajo “de campo”. Denuncia no solamente de la destrucción del territorio habitado por indígenas, sino del genocidio cultural y de la expropiación genética, del saber y conocimiento ecológico, de su espiritualidad y su arte. Denuncia igualmente de la reducción de la causa indígena a conservacionismo, ideología de oscuros orígenes, mediante la creación de parques nacionales, fruto de un paternalismo estatista que transforma la amenaza de exterminio en un mero problema medioambiental. El extractivismo es la forma actual con la que se presenta la sociedad industrial ante el mundo aborigen. La explotación total de la Naturaleza como suprema muestra de su humanización. Un indígena lo vería justo al revés: la Humanidad y la Naturaleza eran uno. La deshumanización empezó cuando se separaron.

    ◦La Invasión de los Residuos, de Miguel Amorós, es una contribución a la lucha contra el proyecto de planta de incineración de restos animales a construir en La Pobla del Duc. El texto presente es la traducción de la charla en lengua valenciana que el autor impartió en la sala de reuniones del ayuntamiento de Otos, pequeña gran población muy determinada a oponerse a los intereses políticos y económicos que promueven la planta. El autor se limitó a situar el conflicto en el marco de una pérdida general de autonomía del espacio agrícola a favor del expansionismo urbano, la forma espacial del turbocapitalismo moderno, donde las actividades contaminantes son más rentables que los cultivos de alimentos sanos. La relación de dependencia del campo con la ciudad no se podrá cambiar por una de interdependencia si la actividad humana sigue aferrada a la producción de beneficios privados en lugar de priorizar los intereses colectivos. El acto sirvió para un debate fructífero sobre la línea a seguir en defensa del valle.

    ◦Fukushima: Cogestionar la Agonía, de Nadine y Thierry Ribault, los autores de un revelador libro de la Encyclopédie des Nuisances titulado Los santuarios del abismo. Crónica del desastre de Fukushima, editado en España por Pepitas de Calabaza. El artículo denuncia la operación estatal de convertir las víctimas del desastre en cogestoras del mismo, mediante mecanismos de participación cívica. Una multitud subvencionada de grupos ciudadanos, redes altruistas, ONG y sospechosa fundaciones trabajan para que los afectados se queden y gestionen el proceso mismo de su degradación física, habituando la población a convivir con altas dosis de radioactividad como la cosa más normal del mundo. En lugar de irse del lugar y rehacer su vida lo más lejos posible, parece que lo más políticamente correcto sería autogestionar la catástrofe, que es lo que el Estado nipón quiere, la solución más barata y más eficaz de asegurar el orden nuclear establecido.

    ◦En la Espiral de la Energía. Comentarios, amplia glosa del libro póstumo de Ramón Fernández Durán hecha por nuestro colaborador José Ardillo. En la última parte de su vida Ramón elaboró un punto de vista histórico-ecológico original, con el que da una perspectiva más lúcida a temas como la crisis energética, la crisis de los cuidados y el declive de la civilización industrial. Ramón advierte sobre la tentación constante de dejarse absorber por las instituciones, algo que no parece importar a Emilio Santiago, alumno aventajado del neoestalinista Riechman, el primero en fusilar su libro para dar forma a una formidable deyección titulada No es una estafa, es una crisis (de civilización). Es especialmente vomitivo pues se trata de una propuesta de disolución del movimiento anarquista en la movida ciudadanista mucho más elaborada que la que realizó en su día Apoyo Mutuo. Emilio es un tiburón de la FUHEM, fábrica subvencionada con fondos europeos dedicada a la preparación de cuadros especialistas en la gestión de la miseria ambiental y el reciclaje ideológico de activistas extraviados en el antiestatismo. Dentro de la renovación de la socialdemocracia emprendida por el partido Podemos, nuestro ideólogo columbra una fusión entre el gueto autónomo y libertario con las instituciones estatales. Una iniciativa más que sospechosa, pues hasta el menos despierto de los militantes sabe que “no se puede” reformar el Estado.

    ◦Técnicas Autoritarias y Técnicas Democráticas, corresponde a un discurso pronunciado por Lewis Mumford en Nueva York, en 1963, dentro de una serie de conferencias tituladas “Retos a la democracia en la próxima década”. Mumford es el autor más influyente en el antidesarrollismo, un clásico pues del pensamiento crítico. Cuando habla de “democracia” lo hace “en el sentido primario”, es decir, le da un contenido que la hace equivalente a lo que llamamos “comunismo libertario”. Así que cuando leemos “democrático” deberíamos pensar en “autónomo” y “comunitario”. Bajo el concepto de “tecnología” coexisten dos realidades paralelas. Una centrada en el ser humano, derivada del uso de herramientas antiguas, en la base de culturas agrícolas comunistas. Otra más moderna, centrada en el sistema de poder, derivada de la observación científica, la innovación técnica, la centralización y el control social. Si la primera se caracteriza por la producción en pequeña escala, donde la habilidad manual y la energía animal son preponderantes aunque no se excluyan las máquinas con tal de hacerse un uso discreto de ellas, la otra se define por el uso masivo de mano de obra esclavizada, la organización militar y la concentración de poder. Hasta ahora ambas tecnologías habían coexistido, aunque el autoritarismo había salido ganando. Mumford avisa de la amenaza de una suplantación total de una por la otra, con unas consecuencias horribles en el caso de hacerse efectiva. Un mundo autoritario e infeliz emergerá sin cortapisas “democráticas” que lo moderen.

    ◦André Prudhommeaux. Principios de Autonomía, de José Ardillo, que nos presenta la figura revolucionaria de Prudhommeaux desde una óptica poco conocida, la de un personaje preocupado por la tierra, la agricultura familiar y la agresividad de las industrias. De él habíamos leído sus opúsculos Spartacus y la Comuna de Berlin y Cataluña 1936-37 ¿Adónde va España? Su militancia primero en el comunismo de consejos y luego en el anarquismo, a sí como su compromiso con la Federación Anarquista de Lengua Francesa y la revolución española nos incitan a saber más de él y de su compañera Dori, cosa que éste trabajo cumple con precisión. No obstante nosotros resaltaríamos su nacimiento en el familisterio de Godin, en la ciudad belga de Guisa. Se trata de un experimento fourierista de larga duración, puesto que empezó a construirse en 1862, en tiempos de Marx y Bakunin, y la sociedad fue disuelta en 1968, más de cien años después. Es un caso especial de fourierismo aplicado, debido a la iniciativa de un inventor de aparatos para el hogar de gran talento, Jean-Baptiste Godin. Era una verdadera ciudadela obrera, tolerante y autodisciplinada, donde un cómodo alojamiento, unas costumbres de trabajo y administración colectivas, una sociabilidad ejemplar y una curiosidad por todo dieron lugar al islote socialista más estable que se ha conocido.

    ◦Cuatro Hojas Uruguayo Argentinas, recogidas entre muchas otras durante nuestra estancia en Montevideo y Buenos Aires y Rosario, son una muestra de una reorientación de la lucha social hacia la defensa de modos de vida autónomos y usos comunes del territorio frente al agronegocio, el extractivismo y las leyes permisivas. El conflicto “de clases” enfrenta ahora a los habitantes que huyen o aspirar a escapar de las conurbaciones contra las multinacionales mineras, petroleras, químicas y agroalimentarias, ampliamente respaldadas por los gobernantes y asociadas a los Estados. La reivindicación central, la decisión libre de la población plantea la única salida digna del conflicto: la autoorganización social.

    ◦Cartas y Papeles Desde la ZAD es una perfecta ilustración de la actualidad de la Zona a Defender de Notre Dame des Landes, en la periferia de la conurbación francesa de Nantes, la experiencia más importante e inteligente de ocupación autogestionaria y defensa colectiva de los últimos tiempos. Nos muestran que el poder representado por el Estado y la multinacional Vinci ensaya una táctica de judicialización del conflicto, tras haber fracasado en sus sucesivos intentos de desalojo violento, primero directos, por medio de los gendarmes y la policía antidisturbios, y después mediante la subcontratación de explotadores agrícolas fascistas y demás gente de la extrema derecha en las tareas represivas. Los pobladores de la ZAD aprovechan ahora las incongruencias de las sentencias judiciales para dilatar los plazos, mientras coordinan sus fuerzas de cara a una resistencia colectiva que en repetidas ocasiones se ha mostrado capaz de impulsar concurridas manifestaciones. Estamos no sólo ante un hecho histórico de gran trascendencia, sino ante una realidad política diferente, la autonomía, o como dicen algunos zadistas, “la capacidad colectiva para decidir nuestras propias reglas”.

    NOTICIAS BREVES:
    ◦La Contaminación, Principal Factor de Riesgo en el Mundo Moderno
    ◦Tercera Huelga General Contra la Reforma de las Pensiones de Syriza
    ◦El Chavismo Estrecha Lazos con el Gran Capital
    ◦Anarquismo Callejero, Combativo y Solidario en Gran Canaria
    ◦Movilizaciones Contra el Metro de Donosti

    RESEÑAS:
    ◦Amor Nuño y la CNT. Crónicas de Vida y Muerte
    ◦Los Perseguidos. La Guerrilla Libertaria Cordobesa de Los Jubiles
    ◦Caerán Bajo la Espada. Higinio Carrocera, La Lucha de un Anarquista
    ◦Por Sólo Veinte Centavos. La lucha Contra el Aumento del Transporte en Brasil
    ◦Novela Autobiográfica
    ◦Istmeño, Viento de Rebeldía: un Documental de Resistencia al Despojo
    ◦El Ejército Negro. Un Bestiario Oculto de América

    PROYECTILES:
    ◦¡Contra la Privatización de la Sanidad, Derogación de la 15/97!
    ◦No a la Planta de Residus Animals
    ◦“Delenda est Cultura” (Empezando por los Titiriteros)
    ◦La Peste Ciudadana. La Clase Media y sus Pánicos
    ◦Contra un Destino Inaceptable. ¿Por qué el Antidesarrollismo?
    ◦De la Caspa en el Medio Libertario
    ◦Ley Mordaza: la Ley 1984
    ◦Pandora Convergente. El Estado Soberanista y sus Enemigos Auténticos
    ◦Gran Triunfo Municipal del Ciudadanismo y Revelación de su Valor Efectivo
    ◦Carta de los Habitantes de la ZAD a los Habitantes de las Aldeas Próximas
    ◦Manifiesto: ¡Parad el TAV Ahora!

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    Re: crítica a la izquierda del capitalismo

    Mensaje por santi_9champions el Jue Jun 23, 2016 9:55 pm

    os comunico el artículo en torno a la emergencia de las nuevas clases medias y a sus consecuencias sociales y políticas.

    La crítica libertaria a la izquierda del capitalismo


    El capital ha proletarizado al mundo y a la vez ha suprimido visiblemente las clases. Si los antagonismos han quedado integrados, si ya no hay lucha de clases, entonces no hay clases. Y no hay sindicatos en el sentido genuino del término. En efecto, si el escándalo de la separación social entre poseedores y desposeídos, entre dirigentes y dirigidos, entre explotadores y explotados, ha dejado de ser la fuente principal de conflicto y las luchas transcurren dentro del sistema sin cuestionarlo, no hay clases en lucha, sino masas a la deriva. Los sindicatos, la carcasa de una clase disuelta, persiguen otro objetivo : mantener la ficción de un mercado laboral. El obrero es la base del capital, no su negación. Éste se adueña de cualquier actividad y su principio estructura toda la sociedad : realiza el trabajo, transforma el mundo en mundo de trabajadores. Fin de una clase obrera aparte, exterior y opuesta al capital, y generalización del trabajo asalariado. Adentro no hay más que una masa asalariada aunque no uniforme sino fragmentada: cada fragmento ocupa un escalafón en la jerarquía social con relación a su nivel de compra. Afuera, una masa excluida y desahuciada que pugna por reintegrarse. Cada capa queda definida por su capacidad de consumo.

    Las clases medias (middle class), resultado cuantitativo del escamoteo de los antagonismos sociales, se refuerzan pasando por encima de la antigua pequeña burguesía con las capas de asalariados diplomados ligados al trabajo improductivo. Han nacido con la racionalización y burocratización del régimen capitalista para desarrollarse gracias a la terciarización progresiva de la economía (y de la tecnología que la hizo posible). Existen en tanto de conjunto de ejecutivos, cuellos blancos y funcionarios en medio de una sociedad de mercado. Cuando la economía funciona, todos ellos son pragmáticos, luego partidarios en bloque del orden establecido, o sea de la partitocracia. Denominamos partitocracia al régimen político adoptado habitualmente por el capitalismo.

    Es el gobierno autoritario de las cúpulas de los partidos (sin separación de poderes), la forma moderna de una oligarquía, que conlleva la formación de una burocracia autónoma con sus intereses propios y su clientela que ha hecho de la política su modus vivendi. Más que la burguesía, las clases medias ven al Estado como mediador entre la razón de mercado y la sociedad civil, o mejor, entre los intereses privados y sus intereses particulares presentados como públicos. Y precisamente la separación entre lo público y lo privado es lo que dio lugar a la burocracia administrativo-política, parte esencial de las clases medias. El Estado partitocrático determina de alguna forma su existencia privada. En condiciones favorables, las que permiten un modo de vida consumista, dichas clases no están politizadas ; es la crisis del llamado Estado del bienestar lo que determina su politización. Entonces los partidos originados por la crisis hablan en nombre de toda la sociedad, teniéndose por su representación más auténtica.

    Nos encontramos inmersos en una crisis que no sólo es económica sino total : es la crisis del capitalismo. Se manifiesta tanto en el plano estructural en la imposibilidad de un crecimiento suficiente, como en el plano territorial con los efectos destructores de la industrialización generalizada. Las consecuencias son la multiplicación de las desigualdades, la exclusión, la contaminación, el cambio climático, las políticas de austeridad y el aumento del control social. Durante la fase de globalización (cuando ya no existe clase obrera) se produce de forma muy visible un divorcio entre los profesionales de la política y las masas que la padecen.

    La distancia pesa más cuando la crisis alcanza y empobrece a las clases medias, la base sumisa de la partitocracia. La crisis considerada sólo bajo su aspecto político es una crisis del sistema tradicional de partidos, y por descontado, del bipartidismo. La corrupción el amiguismo, la prevaricación, el despilfarro y la malversación de fondos públicos solamente resultan escandalosos cuando el paro, los recortes, las bajadas salariales y la subida de impuestos alcanzan a dichas clases. Entonces, los viejos partidos no bastan para garantizar la estabilidad de la partitocracia. En los países del sur de Europa la ideología ciudadanista refleja perfectamente su reacción desairada. Contrariamente al viejo proletariado, que planteaba la cuestión en términos sociales, el ciudadanismo la plantean exclusivamente en términos políticos. Así pues, han de recurrir al lenguaje dominante, el de la dominación, usando de preferencia el vocabulario progresista y democrático que mejor corresponde con su universo mental. Los partidos ciudadanistas hablan en representación de una clase universal que no es el proletariado sino la ciudadanía, cuya misión consistiera únicamente en corregir una democracia de mala calidad. Consideran la democracia, es decir, el sistema parlamentario de partidos, como un imperativo categórico.

    El ciudadanismo es un democratismo legitimista que reproduce tópico por tópico al liberalismo burgués de antaño y con mucho alarde verbal trata de correrlo hacia la izquierda. No olvidemos que mucha crema fundadora de los nuevos partidos proviene del estalinismo y del izquierdismo, para la cual lo que los nuevos valores democráticos no son más que la trasmutación de viejas cantinelas vanguardistas realmente desahuciadas. Formalmente pues, se sitúa en la izquierda del sistema. Es la izquierda del capitalismo.

    La mayoría de los nuevos partidos y alianzas, dirigidos fundamentalmente por enseñantes y abogados, inspirándose en el cambio de rumbo de la izquierda convencional latinoamericana, o lo que viene a ser lo mismo, identificando las instituciones como el escenario clave del cambio liberador, en realidad tratan de cambiar una casta burocrática mala por otra buena recuperando a los electores moderados de izquierda o de derecha, algo en lo que siempre habían fracasado el neoestalinismo y el izquierdismo europeos. Aspiran a desempeñar el papel de una nueva socialdemocracia, bien constitucionalista o bien separatista. La revolución ciudadanista empieza y termina en las urnas, por lo que reformas electorales, jurídicas o constitucionales (la transformación del régimen de 1978) dependen de los resultados y las combinaciones parlamentarias. Se ha de conseguir nuevas mayorías políticas, o como se dice, asegurar la gobernabilidad, ya que nadie desea una ruptura social, aun al precio de conjurarla con una ruptura nacional.

    La desmovilización, el oportunismo y la rápida burocratización que ha seguido a las diversas campañas demuestra esto: los agitadores de la víspera se vuelven con celeridad gestores responsables. La izquierda del capital se dio cuenta de que el Estado es esencial para el capitalismo y de que en periodos de expansión económica tal dependencia permite políticas sociales: algo de neokeynesianismo a las prácticas neoliberales que requieren respaldo estatal. Estamos frente al renacimiento del Estado nacional: un Estado social pretendidamente soberano en el marco de una Europa de los mercados.

    La defensa del Estado es la prioridad máxima del ciudadanismo, de ahí su estrategia de asalto a las instituciones, ridículo sucedáneo de la toma del poder leninista, que se apoya sobre todo en los electores conformistas decepcionados con los partidos de siempre y subsidiariamente en los movimientos sociales manipulados. Aunque la crisis no pueda superarse, puesto que es « una depresión de larga duración y alcance global » según dicen los expertos, la reconstrucción del Estado como asistente y mediador quiere demostrar que se puede trabajar para los mercados desde la izquierda.

    En definitiva, no se trata de cambiar la sociedad sino de administrar el capitalismo –dentro o fuera de la eurozona- con el menor gasto y la menor represión posible para las clases medias. Demostrar que una vía alternativa de acumulación capitalista es posible y que el rescate de las personas es tan importante como el de la banca, es decir, que el sacrificio de dichas clases no solamente no es necesario, sino que no habrá desarrollo ni mundialización sin ellas. Se quiere aumentar el nivel de consumo popular, no transformar la estructura productiva y financiera. Por consiguiente, se apela a la eficacia y al realismo, no a los cambios bruscos y las revoluciones.

    El diálogo, el voto y el pacto son las armas ciudadanistas, no las movilizaciones o las huelgas generales. Diálogo directo con el poder, diálogo virtual con las susodichas « personas ». Las clases medias son más que nada clases no violentas e informatizadas: su identidad queda determinada por el miedo y la red. En estado puro, o sea, no contaminadas por capas más permeables al racismo o la xenofobia tales como los agricultores endeudados, los obreros desclasados y la canalla lumpen, no quieren más que un cambio tranquilo y pausado hacia lo mismo desde dentro. Por otra parte, en estos tiempos de reconversión económica, de extractivismo y de austeridad, los partidos ciudadanistas han de contentarse con actos institucionales simbólicos, ya que su capacidad de resolución de problemas sociales es muy poca. Dependen de la coyuntura mundial, del Mercado, y éste no les es favorable y probablemente no lo será en el futuro.

    En resumen, su posición ante las cámaras ha de esconder su falta de resultados cuanto más tiempo mejor, a la espera o más bien temiendo la formación de otras fuerzas más decididas en un sentido (un totalitarismo mucho más duro) o en otro (la revolución).

    El capitalismo declina pero su declive no se percibe igual en todas partes. No se ha considerado la crisis como múltiple: financiera, demográfica, urbana, ecológica y social. Ni se tiene en cuenta que las guerras periféricas son responsabilidad de la mundialización capitalista. En el Sur de Europa la crisis se interpreta como una amenaza económica y un problema político.

    En el Norte tiende a tomarse como una invasión musulmana y una amenaza terrorista, o sea, como un problema de fronteras y de seguridad. Todo depende del color, la nacionalidad y la religión de los working poor. La división internacional del trabajo concentra la actividad financiera en el Norte y relega el Sur al rango de una extensa zona residencial y turística. Por eso el Sur es mayoritariamente europeista y opuesto a la austeridad; el Norte es todo lo contrario. La reacción mesocrática es contradictoria, pues por una parte la ilusión de reforma y apertura domina, pero, por la otra, se impone el modo de vida industrial en burbuja y la necesidad de un control absoluto de la población, lo que significa un estado de excepción « en defensa de la democracia ». Las mismas clases votan al ciudadanismo en un sitio y a la extrema derecha en el otro. Los libertarios han de denunciar este estado de cosas intentando construir movimientos de protesta autónomos en el terreno social y cotidiano a defender. La abstención es un primer paso hacia la secesión del sistema.

    La perspectiva política puede superarse mediante un cambio radical –o mejor una vuelta a los comienzos- en el modo de actuar y en la manera de vivir apoyándose aquellas relaciones extramercantiles que el capitalismo no ha podido destruir o cuyo recuerdo no ha borrado. También mediante un retorno a lo sólido en el modo de pensar: la crítica de la concepción burguesa posmoderna del mundo es más urgente que nunca pues no es concebible un escape del capitalismo con la conciencia colonizada por los valores de su dominación. La necesaria desculturación (desalienación) que destruya todas las identidades de guardarropía que nos ofrece el sistema, ha de cuestionar seriamente el parlamentarismo, el Estado, la idea de progreso, el desarrollismo, el espectáculo… pero no para ofrecer versiones « antifascistas » de todo ello. Tampoco se trata de elaborar una teoría única con respuestas y fórmulas para todo, una especie de moderno socialismo de cátedra, o de forjar una entelequia (pueblo fuerte, clase proletaria, nación) que justifique un modelo organizativo arqueomilitante y vanguardista, o de regresar literalmente al pasado, sino, insistimos, se trata de salirse del universo mental y material del capitalismo inspirándose en el ejemplo histórico de experiencias convivenciales no capitalistas. La obra revolucionaria tiene mucho de restauración

    Es verdad que las luchas anticapitalistas aún son débiles y a menudo recuperadas, pero si aguantan firme y rebasan el ámbito local pueden extenderse lo suficiente para echar abajo la vía institucional junto con el modo de vida esclavo que la sostiene. La crisis todavía es una crisis a medias. El sistema ha tropezado con sus límites internos (estancamiento económico, restricción del crédito, acumulación insuficiente, descenso de la tasa de ganancia), pero no lo bastante con sus límites externos (energéticos, ecológicos, culturales, sociales). Hace falta una crisis más profunda que acelere la dinámica de desintegración, vuelva inviable el sistema y propulse fuerzas nuevas capaces de rehacer el tejido social con maneras fraternales, de acuerdo con reglas no mercantiles (como en Grecia), amén de articular una defensa eficaz (como en Rojava). No obstante, la crisis en sí misma conduce a la ruina, no a la liberación, a menos que la exclusión se dignifique y tales fuerzas concentren un poder suficiente al margen de las instituciones. La estrategia actual de la revolución (el uso de la exclusión y las luchas en función de un objetivo superior) ha de apuntar -tanto en la construcción cotidiana de alternativas como en la pelea diaria- hacia la erosión de cualquier autoridad institucional, la agudización de los antagonismos y la formación de una comunidad arraigada, autónoma, consciente y combativa, con sus medios de defensa preparados.

    Los libertarios no desean sobrevivir en un capitalismo inhumano con rostro democrático y todavía menos bajo una dictadura en nombre de la libertad. No persiguen fines distintos a los de las masas rebeldes, por lo tanto no deberían organizarse por su cuenta dentro o fuera de las luchas. No reconocen como principio básico de la sociedad un contrato social cualquiera, ni la lucha de todos contra todos; tampoco la fundan en la tradición, el progreso, la religión, la nación o la naturaleza.

    El comunismo libertario es un sistema social caracterizado por la propiedad comunal y estructurado por la solidaridad o ayuda mutua en tanto que correlación esencial. Allí el trabajo –colectivo o individual- nunca pierde su forma natural en provecho de una forma abstracta y fantasmal. Las tecnologías se aceptan mientras no alteren el funcionamiento igualitario y solidario de la sociedad. La estabilidad va por delante del crecimiento, y el equilibrio territorial por delante de la producción. Las relaciones entre los individuos son siempre directas, no mediadas por la mercancía, por lo que todas las instituciones que derivan de ellas son igualmente directas, tanto en lo que afecta a las formas como a los contenidos. Las instituciones parten de la sociedad y no se separan de ella. Es la hora de una nueva sociedad histórica libre de mediaciones alienantes y de trabas, sin instituciones que planean por encima, sin trabajo-mercancía, sin mercado y sin trabajadores asalariados. El proletariado existe únicamente en el capitalismo a causa de la división entre trabajo manual y trabajo intelectual. Igual pasa con las conurbaciones, fruto de la separación absurda entre campo y ciudad. Una sociedad autogestionada no tiene necesidad de empleados y funcionarios puesto que lo público no está separado de lo privado. Ha de dejar la complicación a un lado y simplificarse. Una sociedad libre es una sociedad fraternal, horizontal y equilibrada, desestatizada, desindustrializada, desurbanizada y antipatriarcal. En ella el territorio recobra su importancia perdida, pues contrariamente a la actual, será una sociedad con raíces.

    Miguel Amorós


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